lunes, 13 de abril de 2009

Y llego el día del bajón, punto. (después de días sin terminarlo, aquí está!)

Me siento peor que una basura, peor que una basura en estado de descomposicion. Ese es el resumen de mi sabado. Y los estragos del domingo. Debía de haber llegado algo que me bajara de la nube, algo que pudiera destrozar el muro que había construido. Y lo peor, es que no llegó como me esperaba que llegara, llegó con otra cara. Engañando, escondiendose entre una máscara. Y yo esperaba recibir daño, cualquiera que fuera la cantidad, pero yo esperaba "recibirlo". Cuán fue mi sorpresa, y el nudo en el pecho, al darme cuenta, de que lo que yo esperaba, ya me había encargado yo mismo de hacerlo, a otra persona. Y no a cualquier persona, si no a aquel con quien crecí. A una de las personas más importantes en mi vida. El se llama Eduardo. Después de haber pasado con el casi Mi niñez,de haber crecido juntos.... de haber contado con el en los mejores y peores momentos de mi vida, me equivoqué, me aleje de el, por miedo a una realidad que ya me había alcanzado, es difícil describir nuestra amistad/relación, ya que éramos más que hermanos, éramos uno solo. Pero me aleje, ignorandolo a el, a sus sueños, a cuanto me necesitaba. Yo ya había obtenido de el lo mas que pude... Y egoístamente me aleje sin pensar en el. Pasaron cerca de tres años. Me olvide de el, lo había borrado de mi ser. Y nunca supe cuando el sufría, o cuando me necesitaba, por que aunque sabía su teléfono y dirección, jamás pensé en llamarle, mucho menos en visitarlo. El me buscaba y yo lo evitaba, escudandome con un "la gente cambia, y yo cambie." Creo que el peor daño que le pude hacer, fue el hecho de buscarlo meses antes de venir a vivir a Toronto, y como un idiota, fingí que no había pasado nada, esperaba que el estuviera igual que tres o cuatro años antes... Y lo estuvo, el era igual, el me mostró cariño. Pero seguí ignorando el tiempo que estuve ausente. Hace días, cayó la razón sobre mi cabeza, y el pecho me dolió, dolió con culpa. El, finalmente, me habia expresado esa ausencia. Y me dolió. Me dolió el no haber estado ahí cuando el lo necesitó, cuando el quería hablar como lo hize yo alguna vez. Sé que no habrá palabras que puedan sanar, pero hoy, aún en la distancia, quiero estar ahí para el, no por enmendar o remediar lo pasado, pero para recuperar una amistad que jamás debió de deteriorarse. Una amistad de la cual hay que presumir. Una amistad con la que creciste.

2 comentarios:

Bo Tare dijo...

No explicas muy bien el por qué de este bajón, pero bueno, mucho ánimo desde la distancia, sea por lo que sea... ¿el amor? hace llorar y sufrir a las personas...

Un abrazo

Anónimo dijo...

Hola. Acabo de encontrar tu blog y leí tu post de hoy. En esta vida, muchas veces cometemos errores tontos o tenemos comportamientos infantiles, pero si nos damos cuenta de ello, si llegamos a ver lo que hemos hecho, creo que positivo y que te ayudará en un futuro.

No se lo que os pasaria, pero si ahora puedes, ayudalé a tu amigo, estate, aunque lejos, cerquita de su corazón.

Bueno, es lo único que de momento te puede decir.

Y animo, mucho animo que te aseguro que los tiempos oscuros y de bajón se acaban.

Un abrazo